Renovarse es vivir...
Ojo Centinela
Lunes, 6 de Septiembre, 2010
La ilusión de todas las personas es detener el constante cambio de la vida. Nos aterra dejar el antiguo hogar, el empleo, separarnos de nuestros seres queridos y saber que algún día tarde o temprano partirán o tendremos que despedirnos.
No sé por qué he querido reflexionar sobre este tema. Será porque más temprano que tarde estaré pisando el umbral del medio siglo, por la partida de entrañables amigos del trabajo o porque mi hijo mayor se gradúa de la universidad y pronto se irá a buscar su propio nido.
Pero, como dice Mercedes Sosa cambia todo cambia y todo dependerá de la actitud que tomemos.
Y cuando pienso en eso recuerdo el cuento de la viejita que estaba quedándose calva y cuando tenía tres pelos dijo que se haría una trenza, cuando se quedó con dos, decidió hacerse un “cotibí” al centro, cuando quedó con uno se hizo una cola, y cuando un día se descubrió sin cabello, dijo: En fin, ya no me tendré que peinar.
Los hechos suceden así y a veces parece que estuviéramos viviendo un sueño, como dice Calderón de la Barca. Creemos percibir y los sucesos que parecen ocurrirnos fueran sólo incidentes de ese sueño. Soñamos dormirnos y a veces despertar (¿acaso no nos ha ocurrido en sueños creer que despertamos y nos reímos de nuestro sueño anterior?) lleno de personas y paisajes soñados, en el que somos reyes o mendigos...
O filosofía. Aristófanes se cayó a un pozo por ir mirando al firmamento y Platón se subió a una cesta para estudiar mejor las estrellas.
La realidad es otra. La siento cuando despierto con mi hija recién nacida aferrada al dedo gordo de mi mano que me arrastra al mundo real, invitándome a crecer con ella y pienso en el águila que a partir de los 40 tiene que destrozarse el pico para que le salga uno nuevo y a partir de ahí sacarse las plumas viejas para recibir unas nuevas como la de sus crias. La vida es así, la naturaleza es así y la consigna es renovarse o dejarse morir de a poco...
No sé por qué he querido reflexionar sobre este tema. Será porque más temprano que tarde estaré pisando el umbral del medio siglo, por la partida de entrañables amigos del trabajo o porque mi hijo mayor se gradúa de la universidad y pronto se irá a buscar su propio nido.
Pero, como dice Mercedes Sosa cambia todo cambia y todo dependerá de la actitud que tomemos.
Y cuando pienso en eso recuerdo el cuento de la viejita que estaba quedándose calva y cuando tenía tres pelos dijo que se haría una trenza, cuando se quedó con dos, decidió hacerse un “cotibí” al centro, cuando quedó con uno se hizo una cola, y cuando un día se descubrió sin cabello, dijo: En fin, ya no me tendré que peinar.
Los hechos suceden así y a veces parece que estuviéramos viviendo un sueño, como dice Calderón de la Barca. Creemos percibir y los sucesos que parecen ocurrirnos fueran sólo incidentes de ese sueño. Soñamos dormirnos y a veces despertar (¿acaso no nos ha ocurrido en sueños creer que despertamos y nos reímos de nuestro sueño anterior?) lleno de personas y paisajes soñados, en el que somos reyes o mendigos...
O filosofía. Aristófanes se cayó a un pozo por ir mirando al firmamento y Platón se subió a una cesta para estudiar mejor las estrellas.
La realidad es otra. La siento cuando despierto con mi hija recién nacida aferrada al dedo gordo de mi mano que me arrastra al mundo real, invitándome a crecer con ella y pienso en el águila que a partir de los 40 tiene que destrozarse el pico para que le salga uno nuevo y a partir de ahí sacarse las plumas viejas para recibir unas nuevas como la de sus crias. La vida es así, la naturaleza es así y la consigna es renovarse o dejarse morir de a poco...
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